sábado, 30 de abril de 2011

Benvolgut.

Querido, permíteme suponer que aunque no hayamos disfrutado de presentación oficial, más o menos, así como yo, estás enterado de mi existencia, de las cosas que hago. Querido, yo lo reconozco, qué haré, cobarde de mí, no es que seas cada tarde mi tema preferido, vuestras son las promesas que nadie ya cumplirá, vuestras las noches que los teléfonos no paraban de sonar. Pero sí te voy viendo en discos que al final no te llevaste, y algunos qué maravilla, y algunos que nunca tendrás suficientemente lejos, Querido, y en una sonrisa que hace sola caminando, y en aquella foto antigua olvidada en un cajón: habéis parado una furgoneta aprovechando la vista privilegiada de una ciudad. Tú señalas el ábside románico de una catedral, y sois jóvenes y fuertes, y sentís la eternidad ante vosotros, y querido, ni sospechas que gente como yo estamos esperando.





No hay comentarios:

Publicar un comentario